Cuando se estudia el panorama corporativo, nos encontramos con una red de variables y factores que influyen en el desarrollo de la empresa; cada departamento con sus respectivas funciones y personal. El talento, la experiencia e incluso la especialización, tienden a ser piezas clave dentro de la misma.

Pero si pudiéramos agrupar todas las actividades de una organización por orden de prioridades, tendríamos la combinación de dos marcos: Urgencia e Importancia. La cual puede representarse de la siguiente manera:

  • Muy urgente, muy importante
  • Muy urgente, poco importante
  • Poco urgente, muy importante
  • Poco urgente, poco importante

En ese sentido, grandes figuras del liderazgo organizacional plantean que el centro de la organización debe girar en torno a lo importante. Y que lo de menor valor, puede ser delegado.

Por lo tanto, aparecen oportunidades como el outsourcing, o tercerización de servicios, para brindarte el apoyo especializado en áreas puntuales para tu empresa.

Cabe destacar, que a través del outsourcing, las empresas son capaces de aumentar la efectividad en las tareas delegables. Y a su vez, gracias a la concentración del personal propio en las tareas vitales, también aumenta la productividad de la empresa.

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Escenarios habituales del outsourcing

De seguro has participado en un proceso de reclutamiento donde una compañía se encarga de la selección de personal para otras. O has estado en tu oficina y se acerca el personal de mantenimiento, que pertenece a otra firma, pero también trabaja allí.

Así mismo, encontramos infinidades de equipos dedicados a tareas específicas, capaces de brindar soporte en áreas tanto técnicas, como operativas y/o administrativas. Cuya función permite liberar al personal interno de actividades que pueden ser distractores de las tareas fundamentales.

No obstante, es posible recurrir al outsourcing para cumplir con actividades de poca duración que requieran alto nivel de especialización. Por ejemplo, la instalación de maquinarias para una línea de producción en determinada planta.

De esa manera, evitas la inversión de tiempo en la formación en instalación para el personal, y se procede más rápido con la implementación de los nuevos procesos.

Cuándo recurrir a esta modalidad

Por muy atractiva que pueda ser la idea y lo ventajosa que puede parecer para tu proyecto, es de gran importancia saber si realmente te encuentras en la mejor posición para contratar un outsourcing.

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Principalmente, debes tener en cuenta el objetivo del proyecto y determinar las actividades fundamentales. Con ello, reconocerás las actividades que demandan tiempo pero que no favorecen directamente la rentabilidad y en función de ello, determinar si cuentas con el presupuesto para cubrirlo.

De igual manera, en caso de requerir contratos de outsourcing para la optimización de procesos importantes de manera eventual, debes conocer primero el contexto operativo en el que te encuentres.

Es decir, primeramente debes analizar todos los detalles que implica la nueva contratación para saber si significará un cúmulo de beneficios o la adquisición de dolores de cabeza.

La debilidad dentro de la modalidad

Por supuesto, pese a las ventajas que ofrece esta modalidad, es un hecho de que como organización te enfrentarás a un nuevo nivel de exposición. Según el servicio a contratar, un tercero tendrá acceso a la cara interna de tu empresa y en algunos casos, puede ser contraproducente.

Y adicionalmente, así como se transfiere una responsabilidad, también concedes el control de dicha actividad a los nuevos contratados. De manera que también quedas expuesto a que una falla externa afecte directamente el flujo de tus procesos operativos.

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