Hola! soy Sergio Guachalla  y esta vez debo confesar algo… así es, a veces me arrepiento de ser mercadólogo, y estoy seguro que tu después de leer esto te arrepentirás también.

La vida de un mercadólogo no es un cuento de príncipes y princesas… Si bien lo somos, nuestra vida en realidad no se parece nada a un cuento de Disney. Ser mercadólogo es un dolor de cabeza, una carga muy dura… ¿Sabes por qué?

1.Lucimos bien en cualquier lugar.-

El lucir bien y resaltar entre los demás por tu personalidad, carisma y actitud marketera es un trabajo arduo, en realidad agotador.

Estarás de acuerdo con que tenemos que estar aguantando la envidia de la gente, los malos tratos de personas a las que “no les caemos”,  las miradas de falsa indiferencia, y otras miradas no tan discretas por parte de las señoritas.

En realidad es un caos todo eso, pero como mercadólogos o mercadólogas, tenemos que asumir el rol… alguien tiene que hacer el trabajo sucio.

 

2.-Somos muy creativos y espontáneos.-

Es algo con lo que no podemos lidiar, por más que queramos… no podemos. Alguien dice algo y ya se nos viene un comentario gracioso basado en un insight, están hablando de algo que les falta y se nos ocurre una idea de negocio, vemos una tienda nueva y pensamos en cómo la haríamos crecer.

Es difícil seguir, a cada paso que damos encontramos publicidad que aplaudir y que criticar. Somos muy perceptivos y eso es agotador.

 

3.-Somos demasiado sexys.-

Como había mencionado anteriormente, las miradas indiscretas no se hacen esperar. En cuanto cruzamos la puerta ya nos andan desnudando en su mente, vivimos bajo un acoso consuetudinario. Es más, las parejas de esas personas nos odian y arruinan nuestra reputación con su marketing de boca a boca, como si construir una reputación fuera fácil.

Es muy difícil llevar esta vida, lastimosamente la escogimos no nos queda más que seguir adelante con orgullo.

 

4.-Estamos dispuestos a ayudar.-

Nuestro conocimiento sobre el mercado y negocios nos hace más consientes sobre lo duro que es querer salir adelante con un negocio, emprendimiento o como persona. Estamos tan dispuestos a ayudar que a veces la gente suele tomarlo a mal o ser desagradecida en algún momento. Nuestro buen corazón nos lleva a actuar de buena fe con todos, pero no todos nos corresponden. Corremos el riesgo de conseguir un buen contacto o que nos partan el corazón.

Es el costo de oportunidad al cual tenemos que enfrentarnos cada día, por el resto de nuestros días.

 

5.-No podemos evitar seducir.-

Debido a que percibimos lo que las personas necesitan, nuestro impulso mercadológico hace que cubramos la necesidad de la persona en frente… y por si fuera poco, generamos un deseo de que “nos sigas consumiendo”. En defensa diré que es un acto involuntario, no lo hacemos con el afán de seducir gente a diestra y siniestra. Debemos controlar este lado seductor nuestro porque podemos llegar a romper corazones inocentes. Es un mal necesario para nosotros los mercadólogos el satisfacer las necesidades de nuestros prójimos.

La responsabilidad emocional que tenemos para con quienes están en contacto con nosotros a diario es enorme.

Estos son solo unos cuantos puntos de lo complicado que es ser mercadólogo. Es una vida estresantemente interesante, pero en fin… es lo que hay. Me arrepiento de ser mercadólogo (La mentira más grande que he dicho en mi vida).

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