Durante años, la narrativa en torno al marketing ha girado en torno a las famosas 4P: Producto, Precio, Plaza y Promoción. Este modelo clásico, creado por Jerome McCarthy en los años 60, supuso una revolución en su momento. Sin embargo, hoy, en la era del marketing digital, surge una pregunta incómoda: ¿realmente los marketeros controlan las 4P o se han limitado a ser los maestros de la “P” de Promoción?
El mito de los estrategas omnipotentes
En teoría, los profesionales del marketing deberían ser arquitectos de toda la experiencia comercial: diseñar productos que enamoren, establecer precios competitivos, decidir cómo distribuirlos y, finalmente, comunicar su valor al mercado. Pero la realidad corporativa suele ser otra: muchos departamentos de marketing apenas tienen voz en el desarrollo del producto o en la definición de precios. Es más, en muchas organizaciones, estas decisiones las toma un comité financiero o un equipo de producto aislado del consumidor.
¿Y qué queda para marketing? La tarea de “vender lo que ya está hecho”, aunque el producto tenga más defectos que una beta mal probada. Así, los marketeros terminan obsesionados con campañas creativas, funnels, CTR y CPC, olvidando que la mejor promoción es un buen producto bien posicionado.
La glorificación del “marketero publicista”
Si revisamos LinkedIn y la industria actual, abundan los marketeros que se definen como “expertos en growth”, “gurús de ads” o “ninjas de social media”, pero pocos se atreven a hablar de pricing, supply chain o diseño de producto. Es como si la profesión se hubiera autoencerrado en la caja de la publicidad, convirtiéndose en una especie de agencia creativa interna.
¿Cuándo fue la última vez que un CMO lideró la innovación de un producto desde cero? O mejor aún, ¿cuántos marketeros hoy pueden sentarse en la mesa directiva a hablar de márgenes y distribución sin sentirse fuera de lugar?
¿Es culpa de los marketeros… o de la estructura empresarial?
Quizás no toda la culpa sea del área de marketing. En muchas empresas, el rol se ha reducido a “hacer que la gente compre” y no a ser un socio estratégico en la creación de valor. Es más fácil pedir una campaña viral que sentarse a replantear una estrategia de canales o rediseñar un producto para el consumidor actual.
Pero aquí está el punto: si marketing quiere recuperar su rol estratégico, debe salir de la zona de confort de la promoción.
El marketing del futuro: ¿estrategas o publicistas?
El desafío está sobre la mesa. Si los marketeros no asumen un rol activo en las otras tres P, seguirán siendo vistos como “los de los anuncios bonitos”. En un mundo donde el cliente tiene más poder que nunca, el verdadero marketing debe influir en todo el ciclo de valor, no solo en cómo se comunica.
De lo contrario, quizás es momento de dejar de llamarlo marketing y empezar a llamarlo “departamento de promoción”.