El día que un cliente opta por trabajar con nosotros, pareciera que inicia una especie de relación amorosa. Digo relación porque se pasan por todas las etapas, mismas que las de un par de enamorados. Un mundo color de rosa, una comunicación cada día más profunda, etc. ¡Va! Pareciera que a los que nos dedicamos a este mundo del marketing y publicidad, nos diera por presentar con mucho orgullo frente a los amigos (colegas) a nuestra pareja, a ese ser que nos voltea de cabeza, que cada vez que le vemos, una sensación de mariposas empieza a aparecer en el estómago. En fin, es todo un orgullo el presumir aquel cliente, aquella cuenta que muchos desean pero que pocos tienen la fortuna de trabajar para ella. Pero, ¿qué pasa cuándo ese enamoramiento desaparece? Cuando esa frase del “nunca te dejare” se convierte en un mero recuerdo de lo que fue aquel principio. Sí, es doloroso, sentimos que el mundo se nos viene encima; que nada ni nadie puede apagar ese fuego que quema cada parte de nuestro ser. Culpa y demás pensamientos se nos vienen a la cabeza el día que ese teléfono suena y con ello un mensaje que muy pocos quieren escuchar y que por supuesto, muy pocos quieren aceptar: Nos vamos señor Ramirez. La junta directiva ha decidido cesar toda actividad con usted y su equipo. Como dije con anterioridad, es difícil esa experiencia, más no imposible de superarla. Por eso a continuación, te comparto algunos consejos que puedan ser de mucha ayuda para cuando comiences esa travesía. Porque sí, de que la vas a pasar, la vas a pasar.

  • La aceptación: Suena seco y desgarrador, pero desde el momento en que comiences una relación con x o y cliente, debes pensar como será aquel día en la cual ese mismo cliente opte por irse. Como todo en la vida, nada es para siempre. Y si hablamos de este mundo de la publicidad y mercadotecnia, pues… tú ya sabes.
  • No cometas un suicidio profesional: Parece ser que cuando un cliente se va, en automático empezamos a cargarnos con culpas y demás sentimientos que en algunas ocasiones puede llevar a un suicidio profesional. El que una marca decida irse, no quiere decir que nuestro trabajo sea una basura. Debe ser el optimismo y las ganas por seguir en el camino, lo que te mantengan vivo.
  • Al final tómalo como una exquisita experiencia: ¡Juro que no estoy loco! Esta etapa para nada debe ser un momento triste. Tómalo como una gran enseñanza, un aprendizaje que ni todos tus logros podrán llegarle a los talones .

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