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Neuromarketing en el punto de venta: cómo el cerebro decide una compra

Buena parte de lo que se compra en un pasillo ya estaba decidido antes de que la persona leyera el precio. A quien planea campañas con hoja de cálculo le suena exagerado, pero cualquier promotor de piso lo ve a diario: la mano va al empaque, el ojo confirma y la etiqueta llega al final, como un trámite. El neuromarketing nació para explicar ese orden y en el camino acumuló tantas verdades útiles como mitos vendidos en diplomado. Vamos de la etiqueta al presupuesto del hogar.

Mito: el precio terminado en .99 ya no engaña a nadie

Verdad a medias. El comprador sabe que 99.90 son cien pesos, y aun así el primer dígito pesa más que los demás cuando la lectura dura menos de un segundo y el carrito ya va lleno. El efecto se alimenta de la prisa, así que rinde poco en compras planeadas y mucho en la góndola junto a la caja.

Para quien arma listas de precios en una marca o una agencia, conviene mirar el conjunto: el .99 es apenas el truco más visible de una familia que incluye precios ancla, paquetes señuelo y comparaciones por unidad, y los precios solo convencen si la experiencia de compra es coherente; hay una guía sobre cómo lograr una experiencia de compra coherente entre canales de venta.

Uno de esos límites es legal. El artículo 7 Bis de la Ley Federal de Protección al Consumidor obliga al proveedor a exhibir de forma notoria y visible el monto total a pagar, con impuestos, comisiones, intereses y cualquier otro cargo incluido, sea la compra al contado o a crédito. Mostrar un precio sin IVA para que se vea más bajo deja de ser una técnica y pasa a ser una infracción.

Mito: el olor a pan y la música lenta son leyenda urbana

Existen y se usan. Lo que falta es la medición pública.

Las cadenas que prueban aromas, iluminación cálida o tempos musicales guardan sus resultados, y los estudios que circulan en presentaciones suelen venir de otros países. Pongamos un caso hipotético: una tienda de abarrotes de colonia sube las botanas a la altura de la vista y pone el pan dulce en la entrada, y esas dos categorías venden más durante dos semanas. ¿Fue el estímulo sensorial, la novedad del acomodo o la quincena? Sin un grupo de comparación, el dueño no lo va a saber, y la agencia tampoco. El neuromarketing serio empieza por aceptar esa duda.

Verdad: la compra impulsiva existe y el regulador la observa

La Profeco dedicó un artículo de su Revista del Consumidor, en noviembre de 2025, a las compras impulsivas, firmado por su Dirección General de Estudios sobre Consumo. Describe señales como no esperar ni un día antes de comprar o dejar que el estado de ánimo dicte el gasto, y recomienda hacer lista antes de salir, desconfiar de las ofertas y aplicar la regla de las 24 horas a cualquier gasto no esencial.

El dato con fricción está en las fuentes de ese mismo texto: las cifras sobre quién compra por impulso y en qué categorías provienen de estudios hechos en Estados Unidos. Ni el regulador tiene una medición mexicana a la mano. Cuando una agencia presente “el porcentaje de compradores impulsivos en México”, revisa la letra chica.

Mito: el neuromarketing es manipulación y punto

La frontera está escrita, aunque sin la palabra neuromarketing. El artículo 32 de la misma ley exige que la publicidad sea veraz, comprobable y libre de textos, imágenes o descripciones que induzcan a error, y llama engañosa a la que confunde por la forma inexacta, exagerada, parcial o tendenciosa en que se presenta. Acomodar la góndola para que el producto se vea mejor cabe ahí. Inventar un precio tachado que nunca existió, no.

Mi postura es sencilla. Diseñar el recorrido de la tienda, la altura del anaquel o el color del empaque es oficio legítimo y lleva décadas haciéndose sin tomografías; el problema aparece cuando el vocabulario neurocientífico sirve para vestir una oferta falsa. Y el comprador ya tiene con qué contrastar: el programa Quién es quién en los precios de la Profeco publica comparativos entre establecimientos, así que la percepción de “barato” compite con un dato público.

Verdad: el presupuesto del hogar manda sobre cualquier estímulo

Aquí la escala cambia. Según la ENIGH 2024 del INEGI, publicada en julio de 2025, el gasto corriente monetario promedio de los hogares fue de 47 674 pesos al trimestre, y 37.7 % de ese monto se fue a alimentos, bebidas y tabaco. Ningún aroma a pan mueve esa estructura. El neuromarketing redistribuye decisiones dentro de un margen que el ingreso ya fijó.

Hacia dónde va esto

El pasillo se está volviendo medible. Etiquetas electrónicas, cámaras de conteo y programas de lealtad convierten la tienda física en algo parecido a una página web, con pruebas A/B de acomodo y precios que cambian según la hora. Esa capacidad va a chocar con el artículo 7 Bis en cuanto el precio del anaquel y el de la caja dejen de coincidir, y ahí se va a medir qué tan lejos llega la disciplina.

Para agencias y marcas, el trabajo que viene pide medir con grupos de comparación, documentar cada precio exhibido y asumir que el comprador, con el celular en la mano, ya puede verificar lo que su cerebro percibió.

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MarketerosLATAM (2026, noviembre 5). Neuromarketing en el punto de venta: cómo el cerebro decide una compra. Marketeros LATAM. https://www.marketeroslatam.com/neuromarketing-en-el-punto-de-venta-como-el-cerebro-decide-una-compra/

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