Habiendo leído sobre las razones para arrepentirse de ser mercadólogo, el algoritmo de los Recuerdos de Facebook me ha sorprendido con una frase que había compartido hace unos años, cuando todavía era un estudiante:

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“El niño que eras ¿Estaría orgulloso de la persona que eres hoy?”

Sin más, empecé a reflexionar involuntariamente sobre los temas que comparten ambas publicaciones, que rondan palabras como: vocación, elección, pasión, y muchas más que se me escapan al momento de estar escribiendo esto.
¿Por qué decidí estudiar Negocios y Finanzas Internacionales? ¿Por qué había decidido enfocarme en marketing, de todas las áreas de alcance de la carrera? ¿Valió la pena?

A finales del 2009, cuando finalmente haba recibido el diploma de secundaria, apenas me daba cuenta que mi vida como “adulto” estaba empezando, me vi envuelto en esa meditación forzosa sobre a que debía dedicarme el resto de mi vida; momento en el que sin lugar a dudas, como varios de los que se encuentren leyendo esto, NO TENIA LA MENOR IDEA DE COMO TOMAR ESA DECISIÓN.

Estaba divagando entre varias opciones, afortunadamente no tenía grilletes en cuanto las opciones. No me decidía por ninguna carrera en específico hasta que recordé lo divertido de los juegos de estrategia. Había crecido jugando ajedrez (y recibiendo palizas) con mi padre, y me emocionaba todo lo relevante a planeación y pensamiento estratégico, pero ¿Dónde podría aplicar algo remotamente parecido a jugar ajedrez en la vida real? ¡Claro! ¡El mundo empresarial!

Y con una idea muy superficial sobre qué trataba el marketing y branding, recuerdo que mi argumento final, con el que justificaba la elección de mi carrera era el siguiente:

“Quiero estudiar negocios, porque el mercadeo entre empresas es similar a un juego de ajedrez. Cada empresa calcula sus movimientos y posibles reacciones de la competencia, para crear estrategia y lograr sus objetivos. Es un gran juego estrategia” El Joven Autor. (2009).

Hace 4 años, mientras me ahogaba en trabajos sobre teoría de mercados, economía y finanzas había respondido a la pregunta un rotundo sí. Estaba orgulloso de lo que me encontraba haciendo con mi vida, a pesar de no tener certeza de que sería mi futuro.

Hoy, recién graduado y con algunos estudios de posgrado, puedo decir que el esfuerzo ha valido la pena, y me siento bastante afortunado que el raciocinio de un estudiante de secundaria haya sido por más geek que sonara, bastante cercano a la realidad.

Dedicarme al marketing me ha permitido, entre otras cosas, a acceder a oportunidades fantásticas y conocer personas increíbles. (En este punto, cada lector debe haber empezado a resaltar los aspectos positivos y mejoras que ha tenido la profesión en sus vidas, por lo que no me parece justo mencionar solo algunas)

Ciertamente es un privilegio y razón de orgullo ser un experto en relaciones públicas, que es además es un pensador estratégico y analítico, que tiene claro cómo funciona el mercado y es capaz de desarrollar campañas efectivas de atracción y fidelización (if you know what I mean).

Pero modestia aparte.

Y sí, hablaba de todos.

La invitación, no es otra que invitarlos a reflexionar sobre que los impulsó a dedicarse a lo que se dedican. Lo más probable es que se encuentren con recuerdos que los motiven y llenen de pasión por lo que están haciendo, y si no es así, encontraran con ello, la manera de empoderarse con la respuesta que tengan.

Entonces…

El niño que eras hace varios años ¿Estaría orgulloso del mercadólogo que eres hoy?

Comparte tus experiencias, motivos y razones utilizando el hashtag #SoyMarketeroPor 🙂

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