Es interesante como el tema de la retroalimentación o feedback es tan controversial. Por una parte, están quienes deciden omitir esta herramienta de comunicación organizacional; mientras que entre los que la usan, también hay dos tipos de personas:

  • Quienes se escudan bajo el nombre “feedback” para imponer un juicio.
  • Aquellos que entienden el potencial de la herramienta y le dan un uso correcto.

Si estás acá, espero que seas del último grupo; o al menos quieras serlo.

Por experiencia sé que pocas cosas son tan desagradables como un jefe que no sabe comunicar. Y sobre todo cuando el mensaje central gira en torno a situaciones complejas de interpretar, e incluso de manifestar.

Así que dejemos de lado lo que está mal y enfoquémonos en cómo dar una retroalimentación efectiva; de esas que generan grandes cambios.

El objetivo verdadero de un feedback

Aun cuando este tipo de conversaciones se da para buscar solución a un problema, reforzar las buenas prácticas en algún área; identificar las debilidades de un asunto desde el punto de vista del interlocutor; el feedback pretende generar cambios.

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A través de una conversación con esta herramienta se pretende exponer un punto de vista profesional y sincero. Pero que, lejos de herir al equipo interlocutor, permita un intercambio de ideas y experiencias de manera armónica y propositiva.

En otras palabras, contrario al uso común donde se plantea como discusión; la retroalimentación pretende dar fluidez a determinado tema. Se reciben todas las observaciones dentro de una atmósfera confiable y empática; y posteriormente, se asumen las fallas y se originan las actitudes de cambio.

No obstante, también puede utilizarse para mantener cierto ritmo de actividad. Si el desempeño del equipo es alto, un buen feedback puede afianzar el ritmo de trabajo y promueve una dinámica laboral perdurable.

¿Cómo podemos lograrlo?

Ingredientes de una retroalimentación efectiva

Lo primero que debes tener en cuenta, es que el espacio (ambiente o atmósfera), y el lenguaje no verbal (actitudes de expresión e intenciones), juegan un papel crucial en la conversación. Por lo tanto, manifestar total apertura y empatía en la conversación permitirá una mejor conexión entre tu equipo y tú.

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Adicionalmente, debes centrar tus observaciones en un mensaje claro y específico. Las ambigüedades dan pie a un sinfín de malas interpretaciones que terminarían obstruyendo el avance en la conversación.

Ahora bien, durante la conversación, sé lo más personal posible; habla de tú a tú, muestra tu perspectiva y escucha abiertamente la perspectiva de tu interlocutor. Este aspecto requiere de un buen anejo de emociones, así que si no lo tienes, lo mejor es no iniciar una retroalimentación; sobre todo si ocupa un tema difícil de manejar.

Evita las suposiciones y la generalización; juntas o por separado, representan un verdadero cáncer en las relaciones; y dentro del marco profesional no es una excepción. Por lo tanto, asegúrate de basarte en hechos concretos.

Y si has de plantear algo que sientes pero no puedes explicar, deja claro que es un “sentimiento”. En ese caso, sé flexible a la hora de plantear tu punto de vista, pues una cosa que lo que sientes o crees que es y otra muy distinta puede ser la realidad.

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Si adicionalmente puedes profundizar en las mejores prácticas de una comunicación efectiva, genial. Pero si tu tiempo está bastante ajustado, entonces puedes desarrollar tu retroalimentación anclándote en estos principios.